Rosalind Franklin: la científica que ayudó a revelar la estructura del ADN

Recreación artística creada para ROLscience a partir del trabajo de Rosalind Franklin con difracción de rayos X; no es una fotografía histórica.

Rosalind Franklin hizo visible lo que ningún microscopio podía mostrar. Al controlar la humedad de unas fibras de ADN y analizar cómo desviaban los rayos X, obtuvo medidas que restringieron la estructura de la molécula de la herencia: una hélice de dos cadenas, con el esqueleto de fosfatos hacia el exterior y unas dimensiones muy concretas. Aquellos resultados fueron decisivos para el modelo de la doble hélice presentado en 1953.

La imagen más famosa de su trabajo, la llamada Foto 51, se ha convertido en un símbolo de la ciencia y también de sus desigualdades. Maurice Wilkins se la mostró a James Watson sin que Franklin lo supiera; además, un informe que contenía resultados todavía no publicados llegó a Francis Crick. Watson y Crick emplearon esa información, junto con datos químicos de otros investigadores, para construir su modelo. La aportación de Franklin apareció ese mismo día en Nature, pero su importancia no fue reconocida públicamente con la claridad que merecía.

Sin embargo, describirla únicamente como «la mujer a la que robaron una fotografía» vuelve a quitarle protagonismo. Franklin no fue una técnica que produjo por casualidad una imagen útil para otros. Era una química física experta en estructura molecular, dirigió el trabajo experimental de Raymond Gosling, distinguió dos formas del ADN, realizó cálculos independientes y escribió su propia interpretación de una hélice de dos cadenas. Antes había transformado el conocimiento sobre el carbón; después lideró una investigación de referencia sobre virus. Su verdadera biografía es más amplia, más rigurosa y más interesante que la leyenda.

Rosalind Franklin trabajando con un microscopio en 1955
Rosalind Franklin ante un microscopio en 1955. MRC Laboratory of Molecular Biology, colección personal de Jenifer Glynn; CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.
Resumen rápido
  • Nombre completo: Rosalind Elsie Franklin.
  • Nacimiento: 25 de julio de 1920, Londres.
  • Muerte: 16 de abril de 1958, Londres, a los 37 años.
  • Especialidad: química física y cristalografía de rayos X.
  • Trabajo sobre el ADN: obtuvo con Raymond Gosling datos de difracción esenciales, entre ellos la Foto 51, y estableció parámetros estructurales de las formas A y B.
  • Resultado fundamental: situó los fosfatos en el exterior y concluyó que ambas formas del ADN eran hélices de dos cadenas.
  • Otros campos: estructura de carbones, grafitización, virus vegetales, ARN y virus animales.
  • Publicaciones: 19 trabajos sobre carbón y carbono, 5 sobre ADN y 21 sobre virus, según los archivos de la National Library of Medicine.
  • Reconocimiento de 1962: el Nobel de Fisiología o Medicina fue concedido a Francis Crick, James Watson y Maurice Wilkins cuatro años después de su muerte.
Cómo se ha investigado este artículo

Esta reconstrucción se apoya en el archivo Profiles in Science de la National Library of Medicine, las páginas históricas de King’s College London y Birkbeck, los cuatro artículos de Nature de 1953, el trabajo original de Franklin sobre carbones de 1951, la documentación de Nobel Prize y estudios historiográficos recientes. Cuando las fuentes discrepan, el texto distingue el hecho documentado de la interpretación. En especial, evita presentar la Foto 51 como una «fotografía de la doble hélice» o afirmar como certeza quién habría recibido un Nobel en una historia alternativa. [1][2][3]

Una vida científica en tres materiales: carbón, ADN y virus

Fecha Acontecimiento Importancia científica
1920Nace en Londres.Crece en una familia anglojudía comprometida con la educación y el servicio público.
1931–1938Estudia en St Paul’s Girls’ School.Destaca en ciencias, matemáticas e idiomas en un centro que preparaba a las alumnas para la universidad.
1938Ingresa en Newnham College, Cambridge.Se especializa en química física.
1941Termina sus estudios y trabaja brevemente con Ronald Norrish.Inicia su formación como investigadora experimental.
1942–1946Investiga carbón para la BCURA.Relaciona estructura microscópica, porosidad y comportamiento tecnológico.
1945Obtiene el doctorado en Cambridge.Su tesis estudia la química física de coloides orgánicos sólidos, con especial atención al carbón.
1947–1950Trabaja en París con Jacques Mering.Se convierte en experta en difracción de rayos X y clasifica carbonos grafitizables y no grafitizables.
1951Se incorpora al King’s College London.Recibe el encargo de aplicar difracción de rayos X a fibras de ADN y dirige a Raymond Gosling.
1951–1952Distingue las formas A y B del ADN.Demuestra que la hidratación modifica la estructura y obtiene medidas de gran precisión.
Mayo de 1952Franklin y Gosling registran la Foto 51.El patrón de la forma B contiene una señal helicoidal especialmente clara.
Enero–marzo de 1953Datos de Franklin llegan a Watson y Crick.La Foto 51 y un informe del MRC ayudan a restringir el modelo de Cambridge sin conocimiento de Franklin.
25 de abril de 1953Se publican tres artículos consecutivos en Nature.El modelo de Watson y Crick aparece junto a los datos experimentales de los dos grupos de King’s.
Julio de 1953Franklin y Gosling publican pruebas de una hélice de dos cadenas.Su análisis independiente muestra la compatibilidad de las formas A y B con el nuevo modelo.
1953–1958Dirige investigación sobre virus en Birkbeck College.Localiza el ARN del virus del mosaico del tabaco y consolida un grupo de virología estructural.
1956Recibe un diagnóstico de cáncer de ovario.Continúa investigando, publicando y organizando el trabajo del laboratorio durante el tratamiento.
1958Muere el 16 de abril.Deja preparados trabajos sobre virus y una escuela científica que continuó Aaron Klug.
1962Nobel a Crick, Watson y Wilkins.Franklin llevaba cuatro años muerta y no formó parte de la concesión.

Una niña decidida a entender cómo funciona el mundo

Rosalind Elsie Franklin nació el 25 de julio de 1920 en Notting Hill, Londres. Era la segunda de los cinco hijos de Ellis Franklin y Muriel Waley. Su familia pertenecía a una comunidad judía británica con una larga tradición de participación cívica, educación y ayuda social. En casa se valoraban el debate, la responsabilidad pública y el estudio, pero eso no convirtió su camino en una simple línea recta: elegir una carrera científica siendo mujer todavía significaba entrar en instituciones diseñadas casi por completo por y para hombres.

A los once años comenzó a estudiar en St Paul’s Girls’ School, uno de los pocos centros londinenses que ofrecían a las alumnas una preparación sólida en física y química. Allí mostró facilidad para las matemáticas, las ciencias y los idiomas. También desarrolló una afición duradera por el senderismo y las montañas. Quienes solo conocen la imagen seria del laboratorio suelen pasar por alto esa otra faceta: Franklin fue una viajera entusiasta, una gran caminante y una corresponsal que describía con humor los paisajes y las personas que encontraba.

Una historia repetida afirma que su padre se opuso a que fuera a la universidad y que una tía tuvo que pagarle los estudios. La investigación biográfica conservada por la National Library of Medicine no respalda esa versión: Ellis Franklin pudo preocuparse por la dureza de la profesión o preferir inicialmente una ocupación social, pero apoyó la educación de su hija y cubrió sus gastos universitarios. La corrección importa porque una buena biografía no necesita inventar obstáculos familiares para demostrar los obstáculos sociales que sí existían. [1]

Cambridge y una igualdad todavía incompleta

En 1938 ingresó en Newnham College, uno de los colegios femeninos de la Universidad de Cambridge, y estudió ciencias naturales con especialización en química física. Cambridge permitía que las mujeres asistieran a clases y completaran los exámenes, pero no les concedió títulos universitarios plenos en igualdad con los hombres hasta 1948. Franklin terminó sus estudios en 1941 y recibió el grado reconocido entonces; años después, las nuevas normas equipararon formalmente aquellas titulaciones.

Su primera investigación, en el laboratorio del futuro Nobel Ronald Norrish, no funcionó bien. La relación entre ambos fue difícil y el proyecto no ofrecía una dirección clara. Lejos de definir su carrera, ese comienzo mostró algo común en la ciencia: incluso una investigadora excepcional necesita un problema adecuado, buenas condiciones y una relación profesional que permita progresar. En 1942 encontró esas condiciones en un campo aparentemente alejado de la biología: el carbón.

La ciencia del carbón: su primera gran contribución

En plena Segunda Guerra Mundial, Franklin se incorporó a la British Coal Utilisation Research Association, conocida por las siglas BCURA. El carbón era entonces una cuestión estratégica. Alimentaba centrales, fábricas y transportes; además, determinados carbones activados podían retener gases y utilizarse en filtros y máscaras. Comprender su estructura no era una curiosidad académica: permitía predecir cómo ardería, qué sustancias absorbería y para qué aplicaciones industriales resultaría adecuado.

El carbón no es un cristal simple con una red perfectamente repetida. Es un material complejo, de composición y porosidad variables, creado a partir de materia orgánica transformada durante millones de años. Franklin combinó medidas de densidad, contenido en carbono, permeabilidad y tamaño de poro para relacionar la organización microscópica del material con su comportamiento macroscópico. Mostró que algunos poros actuaban como auténticos tamices moleculares: permitían pasar a unas moléculas y frenaban a otras según su tamaño.

Ese trabajo dio lugar a su tesis doctoral, aprobada por Cambridge en 1945, y a varios artículos. También estableció el rasgo que marcaría toda su carrera: no se conformaba con una imagen atractiva ni con una explicación intuitiva. Medía muestras, comparaba condiciones, buscaba regularidades y solo después proponía una estructura. La misma disciplina reaparecería en sus investigaciones sobre ADN y virus.

Una aportación que sigue presente en la ciencia de materiales

En 1951 Franklin describió dos grandes comportamientos de los carbonos obtenidos al calentar materiales orgánicos. En los grafitizables, las láminas de carbono podían reordenarse con el calor y formar una estructura más parecida al grafito. En los no grafitizables, una red tridimensional de enlaces cruzados impedía esa reorganización y conservaba una estructura porosa y desordenada. Esta clasificación se convirtió en una referencia para estudiar coque, negro de carbón, fibras de carbono, electrodos y otros materiales. [4]

París: aprender a leer patrones de rayos X

En 1947 Franklin se trasladó al Laboratoire Central des Services Chimiques de l’État, en París. Allí trabajó con Jacques Mering, especialista en materiales imperfectamente ordenados. El ambiente del laboratorio fue estimulante y colaborativo. Franklin se integró bien, mejoró su francés, disfrutó de la vida cultural de la ciudad y adquirió una competencia técnica que pronto la situó entre las mejores investigadoras de su generación en difracción de rayos X.

Mering le enseñó que los materiales desordenados también podían revelar estructura. Un cristal ideal produce puntos de difracción nítidos porque sus átomos se repiten de manera regular. Los carbones generan patrones más difusos, pero la anchura, posición e intensidad de esas señales todavía contienen información sobre el tamaño y la orientación de sus regiones ordenadas. Franklin aprendió a extraer datos cuantitativos de imágenes que, para un observador sin formación, parecían simples manchas.

Su artículo sobre el crecimiento de cristalitos en carbonos grafitizables y no grafitizables, publicado por la Royal Society en 1951, sintetizó esa experiencia. Al regresar a Londres no llegaba como principiante en busca de instrucción. Era una química física con doctorado, publicaciones y una especialidad instrumental muy poco común. Esa precisión histórica ayuda a entender por qué John Randall la contrató en el King’s College London para un problema tan difícil como el ADN.

Qué es una imagen de difracción de rayos X

La Foto 51 no es una fotografía del ADN en el sentido habitual. En una cámara no se ve la molécula ni aparece dibujada una doble hélice. El experimento dirige un haz de rayos X hacia muchas moléculas orientadas de forma semejante. Los electrones de sus átomos dispersan la radiación y las ondas resultantes interfieren entre sí. Allí donde se refuerzan dejan una señal oscura sobre una película; donde se cancelan no dejan señal. El patrón registra, por tanto, relaciones espaciales repetidas dentro de la muestra.

Leerlo exige recorrer el camino inverso: a partir de la geometría y la intensidad de las manchas hay que inferir cómo estaban distribuidos los átomos. Una figura en forma de X es característica de una estructura helicoidal, pero no entrega por sí sola un modelo atómico. La distancia entre las señales informa sobre periodicidades; la distribución de intensidades ayuda a situar materia cerca o lejos del eje; las dimensiones de la celda cristalina limitan el número de cadenas y su simetría. También se necesitan la química de los componentes, el contenido de agua y cálculos matemáticos.

Cómo leer las pistas de la forma B
  • La X del patrón indica una organización helicoidal.
  • La separación de las capas de señales permite estimar un paso helicoidal de unos 34 ångströms, es decir, 3,4 nanómetros.
  • Una repetición cada 3,4 ångströms corresponde aproximadamente a la separación entre bases apiladas.
  • El diámetro de la molécula es de unos 20 ångströms, equivalentes a 2 nanómetros.
  • La distribución del agua y de las intensidades favorecía un esqueleto de azúcar y fosfato en el exterior.
  • Los datos de la época sugerían cerca de diez pares de bases por vuelta; las medidas modernas de la forma B ideal dan aproximadamente 10,5.

Un ångström equivale a una diezmilmillonésima de metro. Trabajar con estas escalas obliga a combinar instrumentación estable y paciencia. Las exposiciones podían durar decenas de horas; una vibración, una fibra mal orientada o un cambio de humedad degradaban el patrón. El mérito experimental de Franklin y Gosling consistió tanto en obtener la imagen como en preparar una muestra suficientemente uniforme y saber bajo qué condición física la estaban observando.

Antes de Franklin: por qué el ADN se convirtió en el gran problema

El ADN llevaba décadas conocido. Friedrich Miescher había aislado una sustancia rica en fósforo de los núcleos celulares en 1869. Durante mucho tiempo muchos biólogos pensaron que las proteínas, con su gran variedad química, eran candidatas más plausibles para almacenar la herencia. Los experimentos de Oswald Avery, Colin MacLeod y Maclyn McCarty en 1944, y más tarde los de Alfred Hershey y Martha Chase, reforzaron la identificación del ADN como material genético.

Erwin Chargaff había descubierto otra pista: en el ADN de distintas especies, la cantidad de adenina se aproximaba a la de timina, y la de guanina a la de citosina. Esas proporciones no revelaban por sí solas una estructura, pero más tarde permitirían comprender el emparejamiento de las bases. El químico suizo Rudolf Signer aportó al King’s College muestras de ADN largas y de gran pureza, extraídas de timo de ternera, que podían transformarse en fibras orientadas. El problema estaba listo para una experta en materiales fibrosos y difracción.

Modelo molecular de una doble hélice de ADN
Modelo de la doble hélice de ADN. National Human Genome Research Institute, National Institutes of Health; dominio público en Estados Unidos, vía Wikimedia Commons.

King’s College: un encargo mal comunicado

Franklin llegó al laboratorio de biofísica de King’s en enero de 1951 con una beca de tres años. John Randall, director de la unidad, le indicó que aplicara la difracción de rayos X al ADN y que trabajara con el estudiante de doctorado Raymond Gosling. El problema fue que Maurice Wilkins ya había iniciado estudios del material y esperaba continuar colaborando en ellos. Randall no dejó suficientemente clara la división de responsabilidades: Franklin entendió que dirigiría el proyecto de difracción; Wilkins creyó que se incorporaba como colaboradora de su línea.

De esa ambigüedad surgió una relación profesional cada vez más tensa. No hace falta atribuir todo el conflicto a una sola causa. Intervinieron una dirección deficiente, estilos de trabajo diferentes, rivalidad, una comunicación que se deterioró y el sexismo cotidiano de la institución. King’s disponía de espacios sociales reservados a hombres, incluido el comedor común del personal sénior; aunque existían otros lugares mixtos, esas exclusiones reducían las conversaciones informales en las que se intercambiaban ideas y se construían alianzas.

Franklin podía ser directa y exigente. Wilkins era reservado y evitaba la confrontación. Sus cualidades, bajo una coordinación adecuada, podrían haber sido complementarias; en aquel entorno se volvieron fuentes de malentendidos. Gosling quedó entre ambos cuando la dirección decidió más tarde dividir el trabajo. Esta historia institucional es importante: la ciencia no ocurre únicamente en ecuaciones y aparatos. La distribución poco clara de autoridad puede alterar qué datos se comparten, cómo se interpreta una colaboración y quién recibe crédito.

Dos ADN distintos en la misma muestra: las formas A y B

Franklin reconstruyó y ajustó el equipo de difracción. Para controlar la humedad hizo pasar hidrógeno a través de soluciones salinas antes de conducirlo a la cámara. Al variar la cantidad de agua absorbida por las fibras descubrió que el ADN adoptaba dos estados diferenciados. La forma A, relativamente seca, era más compacta y producía un patrón rico en señales nítidas. La forma B, más hidratada y alargada, generaba una X espectacular.

Este hallazgo resolvía una confusión previa. Si se mezclaban mediciones tomadas con distinta hidratación, las dimensiones parecían incompatibles. Franklin trató las dos formas como estructuras relacionadas pero distinguibles y determinó sus densidades, contenido de agua y parámetros cristalográficos. Además concluyó que los grupos fosfato, cargados negativamente y capaces de interactuar con el agua, tenían que encontrarse en la superficie exterior de la molécula.

En noviembre de 1951 Watson asistió a un seminario de Franklin y regresó a Cambridge con recuerdos incompletos de sus valores. Él y Crick construyeron un primer modelo de tres cadenas con los fosfatos hacia el centro. Franklin detectó inmediatamente el problema: las cargas negativas concentradas en el interior se repelerían y el modelo no explicaba el agua asociada al ADN. Randall pidió a Cambridge que dejara temporalmente el problema. Aquella corrección muestra que Franklin no estaba «perdida» ante sus datos; comprendía restricciones químicas que el primer modelo ignoraba.

Por qué se concentró en la forma A

La forma B mostraba con claridad que había una hélice. La A, en cambio, parecía más adecuada para un análisis cristalográfico cuantitativo porque ofrecía muchas reflexiones definidas. Franklin aplicó una función de Patterson, un método matemático que permite inferir distancias entre átomos sin conocer previamente las fases de las ondas difractadas. Era un camino lento, pero podía proporcionar una demostración más rigurosa que la simple inspección de una X.

A veces se interpreta esa elección como una incapacidad para reconocer la hélice. Es incorrecto. Franklin aceptó pronto el carácter helicoidal de la forma B; lo que puso en duda durante una etapa fue que la evidencia de la forma A bastara para imponer una hélice sin cálculos adicionales. Incluso escribió una nota humorística anunciando la «muerte» de la hélice cuando su análisis se volvió más cauteloso. Era una broma interna sobre la discusión del laboratorio, no la prueba de una oposición dogmática a toda estructura helicoidal.

La Foto 51: una imagen célebre y una autoría compartida

En mayo de 1952 Franklin y Gosling obtuvieron el patrón de difracción número 51 de una fibra de ADN en forma B. La exposición duró muchas horas y la muestra se mantuvo a una humedad alta. Su nitidez era excepcional. La denominación «Foto 51» era simplemente un número de archivo, pero con el tiempo se convirtió en uno de los nombres más reconocibles de la biología molecular.

¿Quién la tomó? La respuesta más precisa es Rosalind Franklin y Raymond Gosling. Gosling, doctorando bajo la dirección de Franklin, preparó y expuso muestras con el equipo que ambos trabajaron en perfeccionar. Franklin diseñaba la estrategia experimental, controlaba las condiciones e interpretaba los resultados. Atribuírsela solo a ella borra al estudiante; describirla como una simple producción técnica de Gosling borra la dirección intelectual. La ciencia fue conjunta y asimétrica, como suele ocurrir entre supervisora y doctorando.

La X central hacía evidente una hélice para un cristalógrafo. Las posiciones de las manchas permitían recuperar el paso de 34 ångströms y la separación de 3,4 ångströms entre unidades apiladas. Sin embargo, la imagen no revelaba qué base se emparejaba con cuál, el orden exacto de los átomos ni el mecanismo de copia. Tampoco era el único resultado relevante. Las tablas de medidas, la densidad, el contenido de agua, la simetría y los cálculos de Franklin aportaban restricciones que una sola película no contenía.

Cómo llegaron los datos de Franklin a Watson y Crick

A finales de 1952, Franklin había decidido trasladarse a Birkbeck College. El proyecto de King’s se reorganizó: ella terminaría su análisis de la forma A, mientras la forma B pasaría a Wilkins. Gosling entregó a Wilkins la Foto 51 como parte de ese traspaso. En enero de 1953, durante una visita de Watson a King’s, Wilkins le enseñó la imagen. No consta que Franklin hubiera autorizado esa exhibición ni que supiera que había ocurrido. Watson comprendió de inmediato que la forma B era helicoidal y regresó a Cambridge convencido de que el modelado podía avanzar.

Hubo una segunda vía. Max Perutz, miembro del comité del Medical Research Council que supervisaba los grupos, facilitó a Crick una copia de un informe interno de King’s. Contenía datos no publicados de Franklin: entre ellos, dimensiones de la celda, contenido de agua y la asignación de una simetría cristalográfica denominada C2. Crick, experto en la teoría de difracción de hélices, reconoció que esa simetría era compatible con dos cadenas orientadas en sentidos opuestos.

¿Fue un robo?

La palabra resume mal una secuencia compleja. Watson no sustrajo la placa física: Wilkins se la mostró. El informe del MRC no era un documento clasificado y Perutz sostuvo después que había actuado de forma administrativa, sin apreciar el uso competitivo que tendría. Pero los datos seguían siendo resultados no publicados y Franklin no fue consultada sobre su entrega ni sobre su empleo para construir el modelo. Según los criterios actuales de autoría y comunicación científica, utilizarlos sin conocimiento ni reconocimiento explícito habría exigido una conversación, permiso y atribución mucho más claros.

Por eso pueden sostenerse a la vez dos ideas: no hubo una escena simple en la que Watson «robara una foto de un cajón», y sí hubo un uso éticamente problemático de información obtenida sin que Franklin supiera cómo iba a emplearse. [2][5]

La construcción de la doble hélice

Watson y Crick trabajaban mediante modelos: piezas de metal representaban enlaces y componentes moleculares. A comienzos de 1953 reunieron restricciones procedentes de diferentes investigadores. Los patrones y medidas de Franklin y Wilkins fijaban la geometría general; las reglas de Chargaff sugerían emparejamientos; el químico Jerry Donohue corrigió formas estructurales de las bases que aparecían mal dibujadas en manuales; el conocimiento de longitudes y ángulos de enlace limitaba las configuraciones posibles.

Watson probó que una adenina podía emparejarse con una timina mediante puentes de hidrógeno, y una guanina con una citosina, manteniendo un diámetro uniforme. Crick comprendió la orientación antiparalela de los esqueletos. El modelo final situó las bases hacia el interior, apiladas como peldaños, y los esqueletos de azúcar-fosfato hacia el exterior. La secuencia de una cadena determinaba la complementaria, lo que sugería de inmediato un mecanismo de copia de la información genética.

Esa síntesis fue una contribución intelectual extraordinaria. Reconocerla no disminuye a Franklin; permite identificar con precisión qué aportó cada persona. Watson y Crick no realizaron los experimentos de difracción que sustentaron la forma global. Franklin no llegó a proponer antes que ellos el modelo completo con bases complementarias. El descubrimiento surgió de la combinación de datos experimentales, química, teoría y construcción de modelos, dentro de una competencia en la que la información no circuló de manera transparente.

25 de abril de 1953: tres artículos que deben leerse juntos

Nature publicó tres trabajos consecutivos. El primero, firmado por Watson y Crick, proponía la doble hélice. El segundo, de Wilkins, Alexander Stokes y Herbert Wilson, aportaba datos de difracción del grupo de King’s. El tercero, de Franklin y Gosling, describía la forma B y mostraba la fuerte evidencia de una estructura helicoidal. La presentación en bloque hacía que los resultados experimentales parecieran una confirmación independiente de un modelo elaborado previamente.

La cronología real fue más entrelazada. Cuando redactaron su artículo, Watson y Crick ya conocían la Foto 51 y datos del informe de Franklin. Su breve agradecimiento a los investigadores de King’s aludió de forma general a resultados no publicados, sin explicar cuánto habían orientado la construcción. Franklin no supo entonces que su información había llegado por esas vías. Su manuscrito, además, no fue escrito después para validar obedientemente a Cambridge: un borrador fechado antes de que conociera el modelo ya interpretaba el ADN como una hélice de dos cadenas.

El 25 de julio, Franklin y Gosling publicaron un segundo artículo con un título explícito: «Evidence for 2-Chain Helix in Crystalline Structure of Sodium Deoxyribonucleate». Su análisis mostró que las formas A y B podían entenderse como estados de una misma organización de dos cadenas. La forma A, más difícil de descifrar, proporcionaba pruebas de densidad y simetría que reforzaban el modelo. Los cinco artículos de Franklin sobre ADN constituyen una investigación científica completa, no una única fotografía aislada. [6][7][8][9]

¿Qué sabía Franklin antes de ver el modelo?

Esta pregunta ha producido relatos extremos. Uno afirma que Franklin tenía la solución completa y que Watson y Crick solo la copiaron. El otro sostiene que no comprendió sus propios resultados. Ninguno describe bien la documentación. Franklin había establecido que el ADN tenía el esqueleto de fosfatos en el exterior, había medido su diámetro y sus repeticiones, había distinguido las formas A y B y, a comienzos de 1953, había concluido que ambas eran hélices de dos cadenas.

Lo que no había resuelto era el arreglo específico de las bases en el interior ni su emparejamiento complementario. Su método buscaba que el modelo emergiera de una demostración cristalográfica detallada; Watson y Crick permitían que la construcción física del modelo ensayara hipótesis antes de que todos los cálculos estuvieran cerrados. Es tentador presentar esos estilos como prudencia frente a imaginación, pero ambos eran necesarios. Un modelo sin datos puede ser elegante y falso; unos datos sin integración pueden tardar más en revelar su significado biológico.

En 2023, los historiadores Matthew Cobb y Nathaniel Comfort analizaron una carta y un borrador de artículo para Time que habían recibido poca atención. Esos documentos muestran que algunos contemporáneos veían a Franklin y al equipo de King’s como participantes activos en un intercambio entre Londres y Cambridge, no solo como víctimas pasivas. Los autores proponen sustituir la fábula de un único instante de revelación por una historia de colaboración desigual. Es una interpretación historiográfica convincente, aunque no elimina el hecho documentado de que Franklin desconocía la circulación concreta de sus datos. [10]

Birkbeck: la científica que explicó la arquitectura de los virus

En marzo de 1953 Franklin se trasladó al Birkbeck College, donde trabajó bajo la dirección de John Desmond Bernal. El centro tenía menos recursos materiales que King’s, pero ofrecía un ambiente más acogedor y una mayor autonomía. Franklin cambió de problema porque había acordado no continuar el trabajo sobre ADN, pero no abandonó las moléculas biológicas: aplicó su experiencia al virus del mosaico del tabaco, conocido como TMV por sus siglas en inglés.

El TMV infecta plantas y produce manchas características en las hojas. Su forma de varilla y su relativa facilidad de purificación lo convertían en un modelo ideal para estudiar cómo se organiza un virus. Se sabía que contenía proteínas y ARN, pero había que averiguar cómo se distribuían. Franklin mejoró la preparación de muestras, obtuvo patrones de alta resolución y mostró que las subunidades proteicas se ordenaban helicoidalmente alrededor de una cavidad central.

Una cuestión decisiva era la localización del ARN. Algunos modelos lo situaban en el centro hueco. Los datos de Franklin indicaron que la única cadena de ARN estaba encajada en la superficie interior de la cubierta proteica, aproximadamente a unos cuatro nanómetros del eje. Esta organización explicaba cómo el material genético podía estabilizarse al interactuar con subunidades repetidas. El resultado se publicó en 1956 y se convirtió en una base de la virología estructural.

Esquema de la estructura helicoidal del virus del mosaico del tabaco con ARN y cápside
Esquema del virus del mosaico del tabaco: ARN, subunidades proteicas y cápside helicoidal. Y_tambe; CC BY-SA 3.0, vía Wikimedia Commons.

Una directora de grupo, no una investigadora aislada

El pequeño equipo inicial creció hasta incluir a varios investigadores, entre ellos Aaron Klug. Franklin consiguió financiación, distribuyó problemas, colaboró con laboratorios internacionales y viajó a Estados Unidos para discutir resultados. Su correspondencia muestra una científica exigente y generosa con quienes trabajaban bien. Klug continuó el programa después de su muerte y recibió el Nobel de Química en 1982 por desarrollar la microscopía electrónica cristalográfica y estudiar complejos de ácidos nucleicos y proteínas; siempre reconoció la influencia de Franklin.

El grupo pasó del TMV a otros virus vegetales, incluidos los que afectan al nabo y la patata, y comenzó a estudiar virus animales como el de la poliomielitis. Franklin y sus colaboradores prepararon modelos del TMV y del poliovirus para la Exposición Universal de Bruselas de 1958. No llegó a verlos instalados. Aun así, aquellos modelos simbolizan una etapa creativa que ocupó los últimos cinco años de su vida y produjo más publicaciones que su trabajo sobre ADN. [11][12]

Enfermedad, trabajo y una carrera interrumpida

Durante un viaje de trabajo a Estados Unidos en 1956, Franklin notó que su abdomen se hinchaba. De regreso a Londres recibió un diagnóstico de cáncer de ovario. Se sometió a operaciones y quimioterapia, tuvo periodos de remisión y volvió repetidamente al laboratorio. Publicó artículos, solicitó financiación y se preocupó por asegurar la continuidad profesional de su equipo. Su manera de afrontar la enfermedad fue reservada; no quería que dominara su identidad científica.

Murió el 16 de abril de 1958 en el Royal Marsden Hospital, con 37 años. En ocasiones se afirma que la exposición a rayos X durante sus experimentos causó el cáncer. Es una posibilidad imposible de demostrar con la información disponible, no un hecho establecido. La radiación ionizante puede aumentar el riesgo de cáncer, y las prácticas de protección de la época eran menos estrictas que las actuales, pero el cáncer de ovario tiene múltiples factores de riesgo y no puede asignarse retrospectivamente una causa individual.

Reducir su final a una moraleja sobre la radiación repite el mismo problema que reducir su carrera a la Foto 51: sustituye la evidencia por una narración fácil. Lo que sí está documentado es una productividad extraordinaria. Los archivos de la National Library of Medicine contabilizan 19 artículos sobre carbones y carbonos, 5 sobre ADN y 21 sobre virus. Varios trabajos virológicos aparecieron después de su muerte gracias a sus colaboradores.

El Nobel de 1962: lo que sabemos y lo que no podemos saber

El Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 1962 fue concedido conjuntamente a Francis Crick, James Watson y Maurice Wilkins por sus descubrimientos sobre la estructura molecular de los ácidos nucleicos y su importancia para la transferencia de información en los seres vivos. Rosalind Franklin no fue incluida: llevaba cuatro años fallecida. El Nobel limita cada premio a un máximo de tres personas y, en la práctica, no concede un galardón a alguien muerto años antes.

Es frecuente leer que las reglas prohibían de forma absoluta los premios póstumos en 1962. La historia normativa es más matizada: la formulación actual se estableció en 1974, y antes hubo excepciones para personas que murieron después de ser seleccionadas o dentro del proceso correspondiente. Eso no convertía a Franklin, fallecida en 1958, en candidata posible para el premio de 1962. Tampoco podemos demostrar qué decisión habría tomado el comité si hubiera vivido.

Decir que «le robaron el Nobel» presenta un contrafactual como un hecho. La afirmación sólida es otra: su aportación al descubrimiento quedó infrarreconocida durante años, el uso de sus datos no se explicó con transparencia y el relato popular centró el protagonismo en tres hombres. Puede defenderse que merecía un reconocimiento comparable sin inventar una votación que nunca ocurrió. [13]

Cómo se construyó la imagen de «Rosy»

En 1968 James Watson publicó The Double Helix, unas memorias deliberadamente personales y dramáticas. Allí llamó a Franklin «Rosy», un apodo que ella no utilizaba, y la presentó a menudo como una figura rígida, hostil y poco consciente del significado de sus resultados. Wilkins, Crick y Linus Pauling objetaron aspectos del manuscrito antes de la publicación. La viveza del libro convirtió esa caricatura en la versión dominante para muchos lectores.

Con el tiempo surgió una respuesta igualmente narrativa: Franklin como heroína solitaria que ya poseía la solución completa y fue despojada de ella por tres conspiradores. Esa corrección tuvo el mérito de recuperar su nombre y señalar el sexismo, pero a veces volvió a definirla solo por lo que otros hicieron. Las biografías, cartas, cuadernos y artículos permiten una imagen más humana: brillante y falible, competitiva y colaborativa, cautelosa ante los modelos pero audaz en los experimentos, capaz de mantener amistad científica posterior con Watson y Crick pese al conflicto de King’s.

El mejor homenaje no consiste en sustituir una caricatura por otra. Consiste en leer sus resultados y devolverle agencia. Franklin eligió problemas, diseñó experimentos, dirigió estudiantes, corrigió modelos, obtuvo financiación y creó una línea de investigación. Fue perjudicada por una gestión deficiente y por normas de crédito que favorecieron a quienes controlaban la narración; también fue una participante central de una comunidad científica en la que circulaban ideas, muestras y técnicas.

Lo que Rosalind Franklin cambió en la ciencia

1. Relacionó la estructura del carbón con sus propiedades

Sus investigaciones permitieron comprender por qué unos carbones se transforman en grafito al calentarlos y otros conservan una red desordenada y porosa. Conectó la organización a escala atómica con la permeabilidad y el rendimiento industrial, una forma de pensar que hoy es fundamental en la ciencia de materiales.

2. Convirtió la hidratación del ADN en una variable controlada

Al separar las formas A y B demostró que una biomolécula no tiene por qué adoptar una única configuración independiente del entorno. El agua no era una contaminación que debía ignorarse, sino parte del problema estructural. Esa atención a las condiciones experimentales hizo coherentes mediciones antes contradictorias.

3. Impuso límites experimentales a la doble hélice

Sus resultados fijaron diámetro, repetición axial, contenido de agua, densidad, número de cadenas y posición exterior de los fosfatos. Watson y Crick pudieron descartar modelos incompatibles y construir uno que explicara simultáneamente la difracción y la química.

4. Ayudó a fundar la virología estructural

La localización del ARN y la organización helicoidal del TMV mostraron cómo las proteínas repetidas pueden empaquetar un genoma. El programa que inició en Birkbeck se extendió a virus esféricos y complejos de ácido nucleico y proteína, anticipando métodos y preguntas centrales de la biología estructural.

5. Dejó una lección sobre datos, crédito y dirección científica

Su historia aparece hoy en cursos de integridad de la investigación porque obliga a preguntar quién puede compartir un resultado no publicado, qué reconocimiento corresponde a una contribución esencial y cómo afecta una jerarquía institucional a la autoría. Las normas actuales no eliminan los conflictos, pero hacen más visible la obligación de obtener consentimiento y atribuir datos.

6. Mostró que una carrera no debe resumirse por su episodio más famoso

La continuidad entre carbón, ADN y virus es metodológica: en los tres casos estudió materiales parcialmente ordenados y extrajo arquitectura molecular de patrones indirectos. Su especialidad no era «hacer fotos del ADN». Era resolver estructura en sistemas difíciles.

Un legado que llega hasta Marte

El nombre de Franklin identifica universidades, laboratorios, premios, edificios y programas de investigación. La Royal Society creó en 2003 un premio dedicado a apoyar a científicas y reconocer actividades de comunicación pública. Su figura también ha inspirado obras de teatro, novelas, exposiciones y debates sobre la forma de contar el descubrimiento científico.

Uno de los homenajes más visibles es el rover Rosalind Franklin de la Agencia Espacial Europea. La misión ExoMars está diseñada para buscar indicios de vida pasada bajo la superficie marciana. Su taladro podrá alcanzar unos dos metros, una profundidad a la que el material está mejor protegido de la radiación y de las condiciones oxidantes de la superficie. A fecha de la última revisión de este artículo, la ESA tiene como objetivo una ventana de lanzamiento en 2028; se trata de una planificación y puede cambiar. [14]

Modelo del rover Rosalind Franklin de la misión ExoMars
Rover Rosalind Franklin de la misión ExoMars, fotografiado en 2024. Mike Peel; CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.

El homenaje resulta especialmente apropiado. Franklin dedicó su carrera a deducir estructuras ocultas a partir de señales indirectas. El rover buscará firmas químicas y minerales bajo un paisaje que tampoco puede revelar su historia a simple vista. En ambos casos, la pregunta es la misma: ¿qué información permanece escondida en la materia y qué instrumento permite leerla?

Mitos y pruebas sobre Rosalind Franklin

Afirmación repetida Qué permite afirmar la evidencia
«La Foto 51 es una fotografía de la doble hélice»Es un patrón de difracción producido por muchas fibras de ADN. Codifica distancias y simetrías; necesita análisis para reconstruir una estructura.
«Watson robó la placa del laboratorio»Wilkins se la mostró y Watson no se la llevó. El problema real es que Franklin no conoció ni autorizó ese uso de un resultado no publicado.
«Una sola imagen resolvió toda la estructura»La Foto 51 fue muy informativa, pero también hicieron falta densidad, simetría, contenido de agua, química de enlaces, reglas de Chargaff y construcción de modelos.
«Franklin no entendió que el ADN era helicoidal»Reconoció la hélice de la forma B y, antes de conocer el modelo final, redactó una interpretación de dos cadenas para ambas formas. Fue más cauta con la A.
«Franklin descubrió el ADN»El ADN se conocía desde el siglo XIX. Franklin realizó aportaciones decisivas para determinar su estructura molecular.
«Tomó la Foto 51 completamente sola»La obtuvieron Franklin y su doctorando Raymond Gosling. Ella dirigió el programa experimental y ambos merecen figurar en la autoría.
«Ya tenía el modelo completo de Watson y Crick»Había deducido la doble hélice y parámetros esenciales, pero no había establecido el emparejamiento complementario de las bases.
«Le robaron con certeza el Nobel»Murió cuatro años antes del premio de 1962. No puede saberse qué habría decidido el comité si hubiera vivido; sí puede demostrarse que su contribución quedó infrarreconocida.
«Los rayos X causaron su cáncer»No existe evidencia individual suficiente para establecer esa causa. Presentarla como certeza confunde un factor de riesgo con un diagnóstico causal retrospectivo.
«El ADN fue su único trabajo importante»Sus investigaciones sobre carbonos siguen siendo fundamentales y su grupo de Birkbeck realizó aportaciones decisivas a la estructura de los virus.
«Su padre intentó impedirle ir a la universidad»Las fuentes biográficas documentales indican que financió y apoyó sus estudios, aunque pudo expresar reservas sobre la carrera elegida.

Preguntas frecuentes sobre Rosalind Franklin

¿Qué descubrió exactamente Rosalind Franklin?

Estableció propiedades estructurales esenciales del ADN: distinguió sus formas A y B, midió dimensiones y contenido de agua, situó el esqueleto de fosfatos en el exterior y obtuvo evidencia de una hélice de dos cadenas. También clasificó carbonos grafitizables y no grafitizables y explicó la organización del ARN y las proteínas en el virus del mosaico del tabaco.

¿Qué es la Foto 51?

Es un patrón de difracción de rayos X de ADN muy hidratado, la forma B, registrado por Franklin y Gosling en 1952. Su X central y la separación de sus señales contienen información sobre la geometría helicoidal y sus repeticiones.

¿Quién tomó la Foto 51?

Rosalind Franklin y Raymond Gosling. Gosling era el doctorando que trabajaba bajo su dirección; la imagen forma parte de un programa experimental diseñado e interpretado por ambos.

¿Rosalind Franklin sabía que el ADN era una doble hélice?

Sabía que la forma B era helicoidal y, a comienzos de 1953, concluyó que las formas A y B correspondían a hélices de dos cadenas. No había resuelto todavía el emparejamiento específico de las bases que completó el modelo de Watson y Crick.

¿Watson y Crick robaron su trabajo?

Utilizaron la Foto 51 y datos de un informe no publicado sin que Franklin supiera que habían llegado a ellos. «Robo» puede sugerir una sustracción material que no ocurrió, pero no debe ocultar el problema ético: faltaron consentimiento, transparencia y un reconocimiento proporcionado de la influencia de esos datos.

¿Por qué Rosalind Franklin no recibió el Premio Nobel?

Murió en 1958 y el Nobel se concedió en 1962 a Watson, Crick y Wilkins. No es posible demostrar si habría sido seleccionada de haber vivido. El máximo de tres personas y el reparto del crédito habrían obligado al comité a tomar una decisión difícil.

¿De qué murió y qué edad tenía?

Murió de cáncer de ovario el 16 de abril de 1958, con 37 años. No se ha podido establecer que la enfermedad fuera causada por su trabajo con rayos X.

¿Por qué abandonó el estudio del ADN?

La relación profesional en King’s se había deteriorado y aceptó un puesto en Birkbeck que le ofrecía un nuevo programa. Como parte del traslado acordó no continuar la investigación sobre ADN, aunque terminó y publicó los análisis que ya tenía en marcha.

¿Cuál fue su contribución a la investigación de virus?

Dirigió un grupo que determinó la estructura helicoidal del virus del mosaico del tabaco y localizó su ARN en la cara interior de la cubierta proteica. Después amplió el estudio a otros virus vegetales y animales, sentando bases de la virología estructural.

Conclusión

Rosalind Franklin merece ser recordada por algo más profundo que una injusticia. Su ciencia enseñó a extraer estructuras invisibles de señales indirectas: poros y láminas en el carbón, cadenas y fosfatos en el ADN, ARN y proteínas en los virus. Sus datos fueron esenciales para la doble hélice y circularon sin la transparencia que hoy consideraríamos necesaria; reconocerlo forma parte de una historia honesta. Pero la mejor reparación no es convertirla en un personaje pasivo ni atribuirle descubrimientos que no hizo. Es devolverle su verdadero lugar: el de una química física excepcional, directora de investigación y protagonista de tres campos científicos que todavía llevan la huella de su método.

¿Conocías la carrera de Rosalind Franklin más allá de la Foto 51?

Comparte este artículo y deja tu opinión en los comentarios. Divulgar ciencia también significa explicar cómo se obtuvieron los datos y cómo se repartió el reconocimiento.

Fuentes primarias, académicas e institucionales

Se han priorizado los documentos y artículos originales de 1951–1956, el archivo histórico de la National Library of Medicine y páginas institucionales de King’s College London, Birkbeck, Nobel Prize, Royal Society y la Agencia Espacial Europea.

  1. National Library of Medicine. «Rosalind Franklin: Biographical Overview», Profiles in Science. Consultar biografía documental.
  2. National Library of Medicine. «The DNA Riddle: King’s College, London, 1951–1953», Profiles in Science. Consultar reconstrucción del trabajo sobre ADN.
  3. King’s College London. «Photo 51 and the discovery of DNA». Consultar historia institucional y del equipo.
  4. Franklin, R. E. «Crystallite growth in graphitizing and non-graphitizing carbons», Proceedings of the Royal Society A, 1951, 209:196–218. Consultar artículo original.
  5. King’s College London. «Rosalind Franklin», perfil histórico. Consultar perfil institucional.
  6. Watson, J. D.; Crick, F. H. C. «A Structure for Deoxyribose Nucleic Acid», Nature 171, 737–738, 25 de abril de 1953. Leer el artículo original.
  7. Wilkins, M. H. F.; Stokes, A. R.; Wilson, H. R. «Molecular Structure of Deoxypentose Nucleic Acids», Nature 171, 738–740, 25 de abril de 1953. Leer el artículo original.
  8. Franklin, R. E.; Gosling, R. G. «Molecular Configuration in Sodium Thymonucleate», Nature 171, 740–741, 25 de abril de 1953. Leer el artículo original.
  9. Franklin, R. E.; Gosling, R. G. «Evidence for 2-Chain Helix in Crystalline Structure of Sodium Deoxyribonucleate», Nature 172, 156–157, 25 de julio de 1953. Leer el artículo original.
  10. Cobb, M.; Comfort, N. «What Rosalind Franklin truly contributed to the discovery of DNA’s structure», Nature, 2023. Consultar revisión historiográfica.
  11. Birkbeck, University of London. «Rosalind Franklin and the structure of life», relato sobre el laboratorio y los virus. Consultar historia de Birkbeck.
  12. Franklin, R. E. «Structure of Tobacco Mosaic Virus: Location of the Ribonucleic Acid in the Tobacco Mosaic Virus Particle», Nature 177, 928–930, 1956. Leer el artículo original.
  13. Nobel Prize. «The Nobel Prize in Physiology or Medicine 1962». Consultar la concesión oficial; Nobel Foundation, estatutos y normas.
  14. European Space Agency. «ExoMars». Consultar misión y calendario oficial.
  15. National Library of Medicine. «Chronology», Rosalind Franklin Papers. Consultar cronología documental.
  16. Science History Institute. «Francis Crick, Rosalind Franklin, James Watson, and Maurice Wilkins». Consultar contexto científico.
  17. Creager, A. N. H.; Morgan, G. J. «After the Double Helix: Rosalind Franklin’s Research on Tobacco Mosaic Virus», Isis 99, 2008. Consultar estudio académico.
  18. Royal Society. «Rosalind Franklin Award and Lecture». Consultar legado y premio.

Nota editorial: las cuatro imágenes interiores proceden de Wikimedia Commons; su autoría, página de origen y licencia aparecen bajo cada imagen. La portada es una recreación artística y no una fotografía auténtica. La Foto 51 no se reproduce como decoración: el texto enlaza la documentación institucional y los artículos originales para explicar su contexto. Las afirmaciones históricas se han contrastado con fuentes primarias, académicas e institucionales; última revisión: 13 de septiembre de 2026.

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